viernes, 7 de octubre de 2011

08 de Octubre, (de)bajo (de) mi cama

Querida Marisa,
Hoy descubrí algo nuevo. No solo eras buena en los momentos duros, sino que también mostrabas tu luz en los pequeños detalles diarios, como cuando levantabas el teléfono cada 24 de Septiembre a las 07:30 de la mañana para llamar a la mamá de una amiga y desearle un feliz cumpleaños (aunque en la mayoría de los países civilizados eso podría ser considerado una ofensa de nivel 6 en la escala del decoro y las buenas costumbres).
Hoy me confirmaron algo que ya sabía: el canto no es lo tuyo. No cantabas los 'feliz cumpleaños', los ladrabas creyendo (siempre inocente) que eras Pavarotti. Pero nadie se burlaba. Era tanta la alegría que trasmitias que terminabas dirigiendo a una manada de gatos arrabaleros.
Hoy recordé algo que creí olvidar. Tu risa. Estaba en la calle, como siempre metida en mi mundo de fantasía, cuando escuche a alguien reir. Hubiese jurado que eras vos, o tal vez si lo hiciste y fue tu manera de llamar mi atención. Como sea, ese pequeño golpe en el pulmón derecho hizo que evitara que un camión de mudanza me deje en coma (por supueto, estaba cruzando con luz verde, pero te juro que no fue mi culpa. Como te dije antes, yo estaba en la tierra de la fantasía y ahí no hay semáforos).
Hoy me ayudaste a hacer mejor persona. Estaba saliendo del subte, mientras que afuera el cielo se caía a pedazos, cuando, no se si fue la forma en que esa mujer pronunció 'bartulos' o el llanto desconsoado de la niña de rosa, pero ayudé a una señora a abrir su paraguas. Estaba a punto de entrar en un colapso la pobre cuando, de la nada, tu voz cantando el feliz cumpleaños empzó a sonar ante mis ojos. Supongo que esa fue mi manera de desafinar.
La proxima vez que quieras romperle el timpano a alguien, avisame. Yo te acompaño con la guitarra.
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