Después de 21 años, logré tocar con mi mano el techo de las columnas del estacionamiento de la torre.
¡Al fin le gané!
Take that papa!
Puedo escuchar la voz de Freddie resonando entre los autos.
Todo estaba exactamente igual a como lo habíamos dejado, como si me hubiese estado esperando para saldar esa pequeña deuda pendiente... ese pedacito de mi niñez que salió para saludarme.
Es lindo, ¿no? Dejar que la infancia correté de vez en cuando, nos mantiene humanos, vivos... felices... reales.
Es lo que diferencia a las personas de los recuerdos, de los fantasmas...
Evita que seamos nosotros los espectros que salgan a pasear...
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